Ejercicio para la depresión y la ansiedad: lo que prescribe la investigación de 2026
Prescripciones de ejercicio para la depresión y la ansiedad basadas en pruebas, con intensidad, frecuencia y duración concretas respaldadas por el metaanálisis en red de BMJ de 2024 y los ensayos SMILE. Además, cómo la VFC y los datos de wearables permiten controlar la dosis.
SensAI Team
11 min de lectura
Consigue un plan de entrenamiento que se adapta a tu recuperación — gratis en iOS
¿Y si el antidepresivo con mayor respaldo científico de la última década no fuera una pastilla?
No es un recurso retórico. En la depresión y la ansiedad de leves a moderadas, el ejercicio estructurado obtiene resultados comparables a los ISRS y la terapia cognitivo-conductual en ensayos aleatorizados directos, pero solo cuando la dosis, la modalidad y la intensidad se prescriben como un medicamento en lugar de improvisarse como un propósito de Año Nuevo12.
La carencia frustrante es que a la mayoría se le dice que «el ejercicio es bueno para la salud mental» y después se le deja resolver el resto. ¿Cuánto? ¿Con qué intensidad? ¿Qué tipo? ¿Durante cuánto tiempo antes de saber si funciona? La investigación responde todas estas preguntas. El problema es que las respuestas rara vez salen de los PDF académicos para llegar a la vida real.
Este artículo las reúne. Repasaremos qué demostraron los ensayos de referencia, por qué la depresión y la ansiedad necesitan prescripciones diferentes, por qué la intensidad importa más que la duración y, sobre todo, cómo los datos del wearable (VFC, frecuencia cardíaca en reposo y sueño) permiten ajustar la dosis como lo haría un buen profesional clínico. SensAI utiliza estas señales autonómicas como el ciclo de información objetiva que falta a la mayoría, pero la ciencia se sostiene por sí sola.
Una nota importante desde el principio: este artículo sintetiza pruebas, no ofrece consejo médico. El ejercicio es un complemento potente de la atención profesional de salud mental. Ante síntomas graves o persistentes, no sustituye la terapia ni la medicación. Trata las prescripciones siguientes como un marco de partida, no como el final del camino.
Qué descubrió realmente el metaanálisis en red de BMJ de 2024
El estudio de BMJ de 2024 es la mayor síntesis publicada de las pruebas sobre el ejercicio para la depresión. Es el mejor punto de partida para saber qué funciona de verdad.
Un metaanálisis en red no se limita a agrupar estudios. Permite comparar intervenciones que nunca se probaron directamente entre sí mediante un comparador compartido, normalmente un grupo de control, para triangular sus efectos relativos. Piensa en él como un Google Maps de las pruebas clínicas: completa rutas entre puntos que ningún estudio individual llegó a recorrer.
El Dr. Michael Noetel, profesor asociado de la School of Psychology de University of Queensland, y su equipo analizaron 218 ensayos controlados aleatorizados que reunían a 14 170 participantes con depresión2. El objetivo era ordenar las modalidades de ejercicio por el tamaño de su efecto y trazar la curva entre dosis y respuesta.
Estos fueron los resultados en términos sencillos:
- Caminar y correr produjeron los efectos mayores (SMD −0,62)
- El yoga quedó muy cerca (SMD −0,55)
- El entrenamiento de fuerza produjo un efecto sólido (SMD −0,49)
- El ejercicio aeróbico combinado obtuvo buenos resultados (SMD −0,43)
- El taichí y el qigong completaron la lista con efectos significativos, aunque menores
Como referencia, esas diferencias medias estandarizadas se encuentran en un rango parecido al de los ensayos con antidepresivos y, en ocasiones, son mayores. El equipo de Noetel también observó efectos más grandes con ejercicio de mayor intensidad y que los programas más cortos, de menos de 10 semanas, solían ofrecer las mayores mejoras por unidad de tiempo, probablemente por una mejor adherencia.
La conclusión directa es que la modalidad importa menos de lo que imaginas, pero la dosis importa más de lo que admite la mayoría de los consejos. Casi cualquier actividad supera a no hacer nada, y aumentar la intensidad supera a completar sesiones fáciles sin rumbo.
Depresión frente a ansiedad: por qué la prescripción no es igual
La depresión y la ansiedad pueden parecer el mismo problema desde fuera, pero dentro del cuerpo se comportan como problemas opuestos.
La depresión suele funcionar con un sistema nervioso hipoactivado: poco impulso, poca activación y una gran inercia. El cerebro necesita estímulo. El trabajo aeróbico de intensidad moderada a vigorosa y el entrenamiento progresivo de fuerza son las palancas que lo ponen en marcha23.
La ansiedad funciona al revés. El sistema nervioso ya está hiperactivado. Someter a un sistema dominado por el pánico a intervalos de alta intensidad puede generar sensaciones indistinguibles del propio pánico. Por eso algunas personas con ansiedad prueban el ejercicio una vez, lo detestan y no vuelven. El movimiento más largo y de menor intensidad (caminar, yoga o bicicleta en zona 2) entrena el freno parasimpático sin pisar el acelerador45. Si quieres entender la neurociencia que explica por qué los sistemas nerviosos sensibles a las amenazas necesitan una entrada más suave, la tratamos en entrenar el miedo y enseñar al cerebro a mantener la calma.
Esta es la prescripción práctica sintetizada a partir del metaanálisis en red de Noetel2, el metaanálisis de Aylett sobre la ansiedad4 y el metaanálisis de Stubbs sobre los efectos ansiolíticos5:
| Afección | Duración | Frecuencia | Intensidad | Modalidad prioritaria |
|---|---|---|---|---|
| Depresión | 30-40 min | 3-5 veces/semana | 60-80 % de la FCmáx | Aeróbico (caminar/correr) + fuerza 2 veces |
| Ansiedad | 20-30 min | 3-4 veces/semana | 50-70 % de la FCmáx | Yoga, caminar, bicicleta en zona 2 |
| Ambas | Empezar con la prescripción para ansiedad y avanzar hacia la de depresión |
La ventana entre dosis y respuesta en la que converge la mayor parte de la literatura es de 13 a 36 sesiones antes de esperar un cambio estable del estado de ánimo, aproximadamente entre cuatro y doce semanas con las frecuencias anteriores67. No es un recorrido largo. Tampoco es un milagro de una sola sesión.
El Dr. Brendon Stubbs, profesor clínico sénior del Institute of Psychiatry, Psychology & Neuroscience de King’s College London, lleva años trazando esta prescripción. Su metaanálisis de 2017 descubrió que el ejercicio producía un efecto medio sobre la intensidad de la ansiedad en personas diagnosticadas con trastornos de ansiedad y relacionados con el estrés5. En el caso concreto de la depresión, el metaanálisis de Gordon y sus colegas publicado en JAMA Psychiatry mostró que el entrenamiento de fuerza por sí solo reducía de forma significativa los síntomas depresivos, con independencia de que los participantes ganaran fuerza. Esto apunta a la acción de mecanismos psicológicos y neurobiológicos3. Si quieres conocer los argumentos para incluir el trabajo de fuerza de forma más amplia, consulta nuestro artículo sobre la dosis mínima eficaz de entrenamiento de fuerza después de los 30.
La prescripción no sirve igual para todo el mundo. Aquí es donde la individualización importa de verdad: una capa de coaching como SensAI puede adaptar el volumen, la intensidad y la modalidad según la respuesta de tu cuerpo y tu estado de ánimo, en vez de pedirte que sigas una plantilla genérica.
Los ensayos SMILE: ejercicio frente a sertralina, cara a cara
En 1999, un grupo de investigación de Duke realizó un experimento que los profesionales de salud mental todavía debaten: comparó directamente el ejercicio aeróbico supervisado con la sertralina (Zoloft) en pacientes con trastorno depresivo mayor.
El investigador principal fue el Dr. James Blumenthal, profesor emérito J.P. Gibbons de Psiquiatría en Duke University. No partió de la hipótesis de que el ejercicio ganaría. Estaba comprobando si podía siquiera obtener resultados comparables.
Los obtuvo. En SMILE-I, 156 adultos mayores con trastorno depresivo mayor fueron asignados al azar a ejercicio aeróbico, sertralina o una combinación. Después de 16 semanas, los tres grupos mostraron reducciones comparables de los síntomas depresivos8. El ejercicio no era un complemento opcional, sino un tratamiento legítimo.
El seguimiento a 10 meses de Babyak y sus colegas, publicado en 2000, encontró algo todavía más llamativo: el grupo de ejercicio presentaba tasas de recaída menores que el grupo de medicación. Los pacientes que continuaron entrenando por su cuenta después de terminar la fase supervisada tenían una probabilidad significativamente menor de cumplir los criterios de depresión durante el seguimiento9.
SMILE-II, publicado en 2007, reprodujo el hallazgo principal con una muestra más grande y diversa. Las tasas de remisión completa a los cuatro meses fueron del 45 % con ejercicio, del 47 % con sertralina y del 31 % con placebo10. No hubo diferencias estadísticas entre el ejercicio y la medicación. Ambos superaron al placebo.
La salvedad, que el propio Blumenthal subraya una y otra vez, es que estos ensayos estudiaron un trastorno depresivo mayor de leve a moderado. La depresión grave (ideación suicida, síntomas psicóticos o incapacidad para funcionar) exige medicación, terapia y a menudo hospitalización. En ese contexto, el ejercicio es un complemento, no un sustituto. Los ensayos SMILE no dicen «deja tu medicación». Dicen que «el ejercicio merece un lugar en el tratamiento».
Por qué la intensidad importa más que la duración
Si dispones de poco tiempo para entrenar, inviértelo en intensidad, no en acumular kilómetros.
Esa es la dirección que marca un metaanálisis con metarregresión de 2023 del Dr. Andreas Heissel y sus colegas, publicado en British Journal of Sports Medicine. Al analizar 41 ensayos controlados aleatorizados en subgrupos de intensidad, la metarregresión encontró tamaños de efecto mayores para los síntomas depresivos cuando se prescribía ejercicio vigoroso que cuando se prescribía intensidad ligera o moderada6. La señal se mantuvo incluso después de ajustar por el sesgo de publicación y los efectos de los estudios pequeños.
Dos carreras vigorosas de veinte minutos pueden superar a tres caminatas suaves de cuarenta minutos si el objetivo es la depresión. Este hallazgo contradice el consejo habitual de «limitarse a moverse un poco más».
Los mecanismos, revisados en profundidad por el Dr. Aaron Kandola, investigador de la Division of Psychiatry de UCL, se agrupan alrededor de varias palancas biológicas11:
- Liberación de BDNF. El factor neurotrófico derivado del cerebro, una especie de fertilizante para las neuronas, aumenta con el ejercicio vigoroso. Favorece la neurogénesis del hipocampo, reducida estructuralmente en la depresión.
- Normalización del eje HHA. La depresión y la ansiedad crónicas mantienen hiperactivado el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal. El ejercicio regular recalibra el ciclo de respuesta al estrés.
- Mejora del tono vagal. El entrenamiento aeróbico refuerza el control parasimpático, algo que puede medirse como una mayor variabilidad de la frecuencia cardíaca.
La dificultad vuelve a ser la ansiedad. Una intensidad vigorosa puede provocar pánico en personas con alta sensibilidad a la ansiedad porque las señales somáticas del ejercicio duro (corazón acelerado, respiración rápida y sudor) se solapan con las que el cerebro ansioso interpreta como peligro. Empieza con una intensidad moderada, desarrolla tolerancia y aumenta solo cuando el sistema nervioso deje de interpretar mal la señal5. La investigación no se contradice. Indica que la dosis correcta depende del sistema nervioso que estés tratando.
La señal biológica: VFC, frecuencia cardíaca en reposo y sueño como biomarcadores de salud mental
La depresión y la ansiedad dejan huellas en el sistema nervioso autónomo, y esas huellas son visibles en los datos del wearable.
La firma compartida consiste en un menor tono vagal (VFC baja), una frecuencia cardíaca en reposo elevada y un sueño fragmentado. El cuerpo permanece en un estado leve de lucha o huida incluso cuando no ocurre nada.
Un metaanálisis de 2010 del Dr. Andrew Kemp y sus colegas publicado en Biological Psychiatry cuantificó este patrón en la depresión. En 18 estudios que comparaban a pacientes con depresión con controles sanos, la VFC era menor, con un tamaño de efecto g de Hedges de alrededor de −0,3012. La gravedad de la depresión se correlacionaba con la magnitud de la reducción. Resulta aún más inquietante que los ISRS no revirtieran por completo esa caída: en muchos pacientes mejoraron los síntomas mientras persistía la desregulación autonómica subyacente12.
El metaanálisis de Chalmers y sus colegas de 2014 publicado en Frontiers in Psychiatry encontró el mismo patrón para la ansiedad. En 36 estudios con más de 2000 pacientes con trastornos de ansiedad, la VFC era significativamente menor que en los controles, con un tamaño de efecto entre pequeño y moderado13. La ansiedad, igual que la depresión, mantiene una alta activación autonómica y deja un rastro medible.
Aquí aparece la utilidad práctica. Cuando el ejercicio empieza a funcionar, estos marcadores cambian. La VFC sube. La frecuencia cardíaca en reposo baja. El sueño profundo se alarga. Puedes observar la recuperación en los datos antes de notarla necesariamente en el ánimo, porque la percepción subjetiva suele ir semanas por detrás del cambio autonómico subyacente.
La dirección contraria aporta la misma información. Una VFC descendente, una frecuencia cardíaca en reposo ascendente y un sueño cada vez más fragmentado suelen preceder una recaída del ánimo durante días o semanas. Crean un sistema de alerta temprana que las evaluaciones subjetivas no detectan. Si quieres profundizar en la VFC, la analizamos en la VFC como señal de fitness y recuperación que casi todos interpretan mal y en cómo influye la calidad del sueño en el rendimiento y la preparación para entrenar.
SensAI reúne los datos de VFC, frecuencia cardíaca en reposo y sueño que ya contiene Apple HealthKit, tanto si proceden de Apple Watch como de Oura, Garmin o WHOOP, y los convierte en información que la capa de coaching puede interpretar. Los datos sin procesar no son la parte difícil. La dificultad está en convertirlos en una decisión.
Cómo ajustar la dosis sin adivinar
La mayoría de los consejos sobre ejercicio y salud mental dejan de funcionar cuando la vida real choca con la prescripción. Dormiste mal. Hoy sientes más ansiedad de lo habitual. Estás emocionalmente vacío y no quieres moverte. ¿Qué haces?
Tres señales y tres decisiones, de acuerdo con la revisión de mecanismos de Kandola11 y la literatura autonómica1213:
VFC con tendencia descendente durante tres o más días: tu sistema acumula estrés más deprisa de lo que lo elimina. Reduce la intensidad. Cambia una sesión de HIIT por una caminata en zona 2 o una secuencia de yoga. Las sesiones duras sobre un sistema inhibido pueden agravar los síntomas en vez de aliviarlos.
Frecuencia cardíaca en reposo 5 o más lpm por encima de tu referencia: añade un día de recuperación. Suele indicar que el sistema simpático ha tomado el control. Forzarlo refuerza el patrón equivocado.
Sueño fragmentado y estado de ánimo bajo: reduce la intensidad, pero no te saltes la sesión. Esta es la decisión menos intuitiva. En la depresión, el descanso total empeora los síntomas con frecuencia; el sistema hipoactivado necesita estímulo. Una caminata de 20 minutos al aire libre a un ritmo moderado suele resultar más terapéutica que un día de descanso completo211.
En el caso concreto de la ansiedad, disponer de datos objetivos cambia la psicología del entrenamiento. Es la diferencia entre «me siento fatal, así que debo de estar entrenando demasiado» y «mi VFC está dentro del intervalo habitual; este es el estrés esperado de la sesión de ayer y pasará». El cerebro ansioso convierte las señales somáticas en catástrofes. Los datos sirven como contrapeso.
Aquí es donde la capa de coaching de SensAI hace un trabajo real. El coach con IA, impulsado por modelos de lenguaje de gran tamaño y no por guiones basados en reglas, lee tus datos de VFC, frecuencia cardíaca en reposo y sueño de HealthKit y ajusta la intensidad de la sesión de mañana en lenguaje claro. «Tu VFC cayó un 12 % durante tres días y la eficiencia del sueño ha bajado. Cambiemos la carrera de mañana por una caminata de 30 minutos y pasemos los intervalos al jueves». Es el tipo de razonamiento que aplicaría un entrenador personal que también leyera revistas de medicina deportiva. La mayoría no tiene acceso a uno.
Un protocolo inicial: de la semana 1 al mes 3
Si partes de una vida sedentaria o casi sedentaria, esta progresión de doce semanas respeta la ventana entre dosis y respuesta sin agotarte en la segunda semana.
Semanas 1-2: establece el ritmo. Tres sesiones por semana de 20 minutos cada una, caminando a un ritmo que permita conversar. El objetivo no es cambiar tu ánimo esta semana. Es crear el hábito de moverte los días en que no te apetece. Saltarse este paso hunde más planes de ejercicio que cualquier otro error. Nuestro artículo sobre cómo mantener la motivación y la constancia en el entrenamiento explica por qué.
Semanas 3-6: amplía y añade fuerza. De tres a cuatro sesiones por semana de 30 minutos. Añade una sesión de fuerza, con peso corporal o resistencia ligera, centrada en movimientos compuestos para todo el cuerpo. Registra por la mañana la VFC, la frecuencia cardíaca en reposo y, si puedes, una puntuación sencilla del ánimo de 0 a 10.
Semanas 7-12: aumenta la dosis. Si los síntomas lo toleran bien, avanza hacia la prescripción para la depresión: añade una sesión aeróbica vigorosa (intervalos, carreras de tempo o bicicleta más intensa), mantén dos sesiones de fuerza semanales y conserva uno o dos días de actividad aeróbica más suave. Para la ansiedad, permanece más tiempo en el extremo moderado y deja que la intensidad aumente de manera más gradual.
Revisión en la semana 8. La mayoría de las personas que responden al ejercicio observan a estas alturas una mejora de 3-5 puntos en el estado de ánimo, en una escala de 0 a 10267. Es el efecto de la ventana de 13-36 sesiones. Si no observas ningún cambio en la semana 8, has obtenido información, no has fracasado. Ajusta la intensidad, prueba otra modalidad o consulta con un profesional clínico.
Señales de alarma. Si los síntomas empeoran después de 4 semanas de ejercicio constante, aparecen pensamientos intrusivos, el sueño se deteriora de forma aguda o surge cualquier ideación suicida, deja de tratarlo como una cuestión de entrenamiento y busca apoyo profesional. El ejercicio no es toda la respuesta.
La carga administrativa de registrarlo todo (la progresión sesión a sesión, las tendencias de VFC, el sueño y el ánimo) es el punto en el que muchos planes autodirigidos se desmoronan en silencio. Un coach con IA que recuerde dónde estás en la progresión y ajuste la siguiente sesión, justo la función para la que se creó la memoria de SensAI, se ocupa de ese registro para que tú puedas limitarte a entrenar.
Qué significa para ti
El ejercicio para la depresión y la ansiedad es una de las intervenciones no farmacológicas más estudiadas de la medicina moderna. Depende de la dosis. Es sensible a la modalidad. La prescripción cambia según el sistema nervioso que intentas regular.
Si el problema es la depresión, aumenta la intensidad, incluye fuerza y no esperes a tener ganas. La ciencia muestra con claridad que, en la depresión, la motivación llega después de actuar y no al revés.
Si el problema es la ansiedad, empieza con menos intensidad, mantén la constancia y deja que el sistema nervioso aprenda que la activación física no es peligrosa. El yoga, caminar y el trabajo en zona 2 no son premios de consolación. Son la prescripción.
Si ambos están presentes, empieza en el extremo de la ansiedad, avanza hacia el de la depresión y utiliza los datos autonómicos para guiar el ritmo.
En cualquier caso, mide. La VFC matinal, la frecuencia cardíaca en reposo, la duración y la calidad del sueño y una puntuación sencilla del ánimo de 0 a 10 son las pruebas de laboratorio que nunca se hacen para tu salud mental y que probablemente sí necesita tu entrenamiento. Ese ciclo de información convierte «el ejercicio es bueno para ti» en una prescripción que puedes ajustar.
Una última palabra sobre la advertencia que exige este tema: si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, el ejercicio es un complemento de la atención profesional, no un sustituto. Los ensayos SMILE, el metaanálisis de Noetel y la revisión de mecanismos de Kandola convergen en la misma afirmación modesta: el ejercicio multiplica el efecto de la terapia y la medicación. No siempre las sustituye. Busca la atención que necesites y deja que el movimiento amplifique sus beneficios.
References
Footnotes
-
Singh, B., Olds, T., Curtis, R., Dumuid, D., Virgara, R., Watson, A., Szeto, K., O’Connor, E., Ferguson, T., Eglitis, E., Miatke, A., Simpson, C. E., & Maher, C. “Effectiveness of physical activity interventions for improving depression, anxiety and distress: an overview of systematic reviews.” British Journal of Sports Medicine, 57(18), 1203-1209, 2023. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36796860/ ↩
-
Noetel, M., Sanders, T., Gallardo-Gómez, D., Taylor, P., del Pozo Cruz, B., van den Hoek, D., Smith, J. J., Mahoney, J., Spathis, J., Moresi, M., Pagano, R., Pagano, L., Vasconcellos, R., Arnott, H., Varley, B., Parker, P., Biddle, S., & Lonsdale, C. “Effect of exercise for depression: systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials.” BMJ, 384, e075847, 2024. https://www.bmj.com/content/384/bmj-2023-075847 ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
-
Gordon, B. R., McDowell, C. P., Hallgren, M., Meyer, J. D., Lyons, M., & Herring, M. P. “Association of Efficacy of Resistance Exercise Training With Depressive Symptoms: Meta-analysis and Meta-regression Analysis of Randomized Clinical Trials.” JAMA Psychiatry, 75(6), 566-576, 2018. https://jamanetwork.com/journals/jamapsychiatry/fullarticle/2680311 ↩ ↩2
-
Aylett, E., Small, N., & Bower, P. “Exercise in the treatment of clinical anxiety in general practice — a systematic review and meta-analysis.” BMC Health Services Research, 18, 559, 2018. https://bmchealthservres.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12913-018-3313-5 ↩ ↩2
-
Stubbs, B., Vancampfort, D., Rosenbaum, S., Firth, J., Cosco, T., Veronese, N., Salum, G. A., & Schuch, F. B. “An examination of the anxiolytic effects of exercise for people with anxiety and stress-related disorders: A meta-analysis.” Psychiatry Research, 249, 102-108, 2017. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28088704/ ↩ ↩2 ↩3 ↩4
-
Heissel, A., Heinen, D., Brokmeier, L. L., Skarabis, N., Kangas, M., Vancampfort, D., Stubbs, B., Firth, J., Ward, P. B., Rosenbaum, S., Hallgren, M., & Schuch, F. “Exercise as medicine for depressive symptoms? A systematic review and meta-analysis with meta-regression.” British Journal of Sports Medicine, 57(16), 1049-1057, 2023. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10423472/ ↩ ↩2 ↩3
-
Morres, I. D., Hatzigeorgiadis, A., Stathi, A., Comoutos, N., Arpin-Cribbie, C., Krommidas, C., & Theodorakis, Y. “Aerobic exercise for adult patients with major depressive disorder in mental health services: A systematic review and meta-analysis.” Depression and Anxiety, 36(1), 39-53, 2019. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30334597/ ↩ ↩2
-
Blumenthal, J. A., Babyak, M. A., Moore, K. A., Craighead, W. E., Herman, S., Khatri, P., Waugh, R., Napolitano, M. A., Forman, L. M., Appelbaum, M., Doraiswamy, P. M., & Krishnan, K. R. “Effects of exercise training on older patients with major depression.” Archives of Internal Medicine, 159(19), 2349-2356, 1999. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10547175/ ↩
-
Babyak, M., Blumenthal, J. A., Herman, S., Khatri, P., Doraiswamy, M., Moore, K., Craighead, W. E., Baldewicz, T. T., & Krishnan, K. R. “Exercise treatment for major depression: maintenance of therapeutic benefit at 10 months.” Psychosomatic Medicine, 62(5), 633-638, 2000. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11020092/ ↩
-
Blumenthal, J. A., Babyak, M. A., Doraiswamy, P. M., Watkins, L., Hoffman, B. M., Barbour, K. A., Herman, S., Craighead, W. E., Brosse, A. L., Waugh, R., Hinderliter, A., & Sherwood, A. “Exercise and pharmacotherapy in the treatment of major depressive disorder.” Psychosomatic Medicine, 69(7), 587-596, 2007. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17846259/ ↩
-
Kandola, A., Ashdown-Franks, G., Hendrikse, J., Sabiston, C. M., & Stubbs, B. “Physical activity and depression: Towards understanding the antidepressant mechanisms of physical activity.” Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 107, 525-539, 2019. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31586447/ ↩ ↩2 ↩3
-
Kemp, A. H., Quintana, D. S., Gray, M. A., Felmingham, K. L., Brown, K., & Gatt, J. M. “Impact of depression and antidepressant treatment on heart rate variability: a review and meta-analysis.” Biological Psychiatry, 67(11), 1067-1074, 2010. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20138254/ ↩ ↩2 ↩3
-
Chalmers, J. A., Quintana, D. S., Abbott, M. J., & Kemp, A. H. “Anxiety disorders are associated with reduced heart rate variability: a meta-analysis.” Frontiers in Psychiatry, 5, 80, 2014. https://www.frontiersin.org/journals/psychiatry/articles/10.3389/fpsyt.2014.00080/full ↩ ↩2